La biblioteca: un oasis con ansias de río

Los que llegan a él quedan maravillados por su profusión de aguas embriagadoras y saciantes. ¿Cómo no lo habíamos descubierto antes?, se preguntan. Sencillo, el camino para alcanzarlo no está muy bien señalizado, alrededor del oasis solo hay desierto y aridez, y es difícil suponer que hay otra cosa diferente más allá del secarral. Además, no todos deambulamos con el calzado y el ropaje adecuado, y no todos pensamos que ese oasis del que tanto nos hablan puede saciar tanta sed.

Mientras tanto, los guardianes del oasis, nos afanamos en abrir zanjas para que fluya el agua. Zanjas que a fuerza de ser pisadas se abran, se expandan y se conviertan en canales. Canales que vayan empapando las arenas de los alrededores y que abran otros nuevos canales  en su camino para terminar descendiendo en torrentes ruidosos, exhuberantes y abundantes.

Y todos, zanjas, canales y torrentes, irán a parar al río, al gran río. Y estate seguro de que si consigues llegar al río ya  nunca dejarás de fluir.

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