
Darwin no usaba brillantina, ni falta que le hacía. Con su prominente barba y brillante cerebro fue capaz de parir y desarrollar, hace casi nada -unos 150 años- uno de los más importantes avances de la ciencia y el conocimiento, la Teoría de la Evolución, incontestable hoy día en términos científicos. Esta teoría viene a decir que “La evolución biológica es el proceso continuo de transformación de las especies a través de cambios producidos en sucesivas generaciones. La evolución puede llevar a la aparición de nuevas especies, a la adaptación a distintos ambientes o a la aparición de novedades evolutivas.”
Podríamos pensar que esta teoría explicaría la aparición y adaptación, en este mundo y tiempos que nos ha tocado vivir, de una nueva especie de pelo engominado hacia atrás y abrillantado. Esta nueva especie hace alarde de su apariencia exterior y desconfía de los barbudos y desaliñados. Si además se pone unas gafas de sol oscuras o se deja crecer unos bigotes a la demodé piensa que tiene el éxito y “la fama” asegurada. Con este look tenemos a toda una pléyade de personajillos nada brillantes (se les ha quedado la brillantina algo apelmazada) y sí bastante opacos, “haciendo de sus gafas un sayo”.
Es una especie creada a imagen y semejanza que se reproduce como setas, sin variación de generación en generación, no evolutiva, protagonista de las portadas de los periódicos en los últimos años, y que no parece creer las teorías de Darwin creyéndose, como se creen, la especie que todo lo puede. Esta generación de abrillantados, ejemplo de los errores de la naturaleza en su proceso evolutivo, no parece tener tampoco el más mínimo pudor ni empacho en aparecer en portada siendo protagonista de robos, fraudes, engaños, malversación de fondos, apropiación de dinero público, tratos de favor, corruptelas; asuntos sucios y delitos, en definitiva. Les pone.
Esta población de individuos no sabe, no quiere saber, que la selección natural les acecha y que un día, en ese proceso adaptativo y evolutivo, se les recortará el bigote y se les alborotará el cabello.
Para Radio San Miguel
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Y lo más fuerte es que con toda esa cantidad de brillantina que usan, demuestran a las claras a qué especie pertenecen. ¿Por qué le gustará tanto a ese tipo de estafador ser reconocido como tal por su aspecto?
Sus mamás les decían de peques que si no iban bien peinados no serían “hombres de provecho”