Para, por, según, sin

“La vida no se mide por el número de veces que respiramos, sino por los lugares que nos quitan la respiración” Anónimo

El país del miedo


Vila Matas decía el otro día, en uno de esos casi invisibles y jabatos programas televisivos dedicados al mundo del libro (El público lee, de Canal de Andalucía) que hoy el intelectual tiene poco que decir, o mejor dicho, que da igual lo que diga, puede decir lo que quiera que no le van a hacer ni caso. Como que todo cae en un pozo sin fondo. Estoy de acuerdo con él, pero me sigue gustando leer y escuchar a los intelectuales, a los que tienen algo que decir, porque mi pozo sí tiene fondo y lo que entra siempre renueva las aguas. Como estoy convencida de que el pozo de muchos de vosotros también tiene un buen fondo, hoy os quiero recomendar la lectura de una novela, El país del miedo, de Isaac Rosa, sevillano de 34 años.

Isaac construye una novela inquietante e intensa, ficcionando los miedos cotidianos de unos personajes con los que nos es muy fácil identificarnos. Miedo a ser padres: desde antes de nacer los fetos indefensos están expuestos a toda una serie de complicaciones prenatales; miedo cuando ya nacen y como bebés están también expuestos a otras tantas calamidades que pueden atentar contra sus vidas; miedo cuando van al cole, cuando desaparecen de nuestra vista por una horas, y pueden ser débil presa de individuos “enfermos”, delincuentes, pederastas, asesinos, en busca de carne fresca de niño o presas de un simple accidente; miedo a su adolescencia, expuestos con sus débiles mentes a compañías perniciosas y manipuladoras.

Pero también miedo a los inmigrantes, a los murcigleros, a la agresividad adolescente, a ser asaltado en su casa, en la calle, a ser apaleado, a los sintecho, que dice le miran ahora a los ojos exigentes y retadores, no como antes que bajaban la cabeza sumisos y buscando la compasión del transeunte y su caridad. Un miedo irracional, que el protagonista reconoce como irracional, infundado, no real, pero que no puede evitar sentir hacia todo, hacias todos. A pesar de que él ha defendido, defiende y defenderá los derechos de todos, de los inmigrantes en particular, en reuniones de amigos, manifestándose incluso en favor de sus derechos; no puede evitar, por ejemplo, cerrar su coche con el seguro ante la presencia en un semáforo de rumanos limpiaparabrisas. Nosotros también lo hacemos, ¿verdad? o aceleramos el paso y nos hacemos los sordos ante un señor de piel oscura que nos solicita información por la calle. ¡Qué hipócritas somos”, yo la primera.

El protagonista de esta novela vive asustado, “acojonado”. Lo sabe y lo teme, no vive, teme. La novela nos sumerge en ese miedo ambiental castrante y junto al protagonista nosotros vamos sintiendo también sus miedos, que no nos son ajenos sino muy cercanos, son también nuestros miedos, los miedos de una sociedad “enferma”.

Que ¿por qué ese miedo a todo y a todos, sobre todo al diferente, a lo desconocido, de dónde viene? Isaac Rosa nos da algunas claves en su novela. Os la recomiendo.

Archivado bajo:Lo que leo , , , ,

3 Responses

  1. Tomás dice:

    Bueno, Bueno, esto se anima. ¡Muy bien, Graciela! Felicidades por haberte decidido a abrir tu bitácora, con lo cual permanentemente está disponible tu aportación semanal para quienes no la hayan podido escuchar en directo. ¡Ánimo!

  2. Andy F dice:

    Hola Graciela,

    bien hecho, tienes mucho talento por escribir,

    un abrazo
    foxy

  3. Gracias por vuestras palabras…pero vamos…que no es pa tanto!!

Leave a Reply